Sobre las m̶a̶l̶d̶i̶t̶a̶s̶ ̶c̶u̶a̶t̶r̶o̶ particiones y otros problemas de instalación 1


Como deberéis saber ya, una de nuestras principales ocupaciones en la OSL es dar soporte sobre software libre a toda la comunidad universitaria de la Universidad de Granada, y más concretamente, una de nuestras acciones más populares es la de realizar instalaciones de distribuciones GNU/Linux en los portátiles de los estudiantes que ya sea porque son recién llegados o porque por fin se han decidido a dar el “salto”, necesitan ayuda para tener un sistema operativo libre en su equipo de trabajo.

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Gracias a la gran evolución de estos sistemas operativos (entre los que por ejemplo podríamos destacar Ubuntu), hasta hace unos años realizar este tipo de instalaciones era un proceso trivial: el ordenador arrancaba sin problemas el instalador del sistema operativo, seleccionábamos las opciones de idioma y teclado, se realizaba el particionamiento del disco duro y después de introducir los datos personas y de contraseña ya lo único que quedaba era esperar a que la instalación se completase. Una vez terminado este proceso semiautomático, salvo incidencias puntuales con drivers de tarjetas de red inalámbricas o tarjetas gráficas dedicadas ya teníamos el sistema en perfecto estado para comenzar a funcionar.

El problema está en cuanto todo esto dejó de ser así de fácil, cuando alguien decidió que tener la libertad de instalarse cualquier sistema en un ordenador era algo tremendamente peligroso para el propio usuario de a pie. Para ello, y aprovechando que se estaba ultimando el nuevo sistema UEFI (que vendría a sustituir a la tradicional BIOS) se introdujo un sistema que precisamente controlara esto: todo sistema operativo que se fuera a instalar en un equipo debería estar firmado como seguro por los promotores del proyecto para que este nuevo sistema permitiese la instalación en el equipo. Estos promotores eran gran número de compañías tecnológicas entre los que podemos destacar HP, Dell, Intel, IBM o, casualmente, Microsoft.

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El sistema UEFI en sí mismo es la evolución lógica de la clásica BIOS, el sistema imprescindible para que nuestros ordenadores sepan cómo arrancar, pero que con décadas de antigüedad necesitaba una actualización debido a los grandes avances tecnológicos actuales. Este sistema UEFI presenta por un lado aspectos superficiales como interfaces más vistosas o permitir el uso del ratón, pero principalmente añade compatibilidad con discos duros de más de 2 TB y controladores de dispositivos de firmware de 64 bits a los que este mismo sistema puede controlar directamente, pero además también añade el “Secure Boot”; un modo de “arranque seguro” según lo establecido por las directivas de estas compañías, en las que el usuario de a pie no tiene opinión, lo que viendo en qué terminará desencadenando puede parecer que se buscase más bien un beneficio propio, que una posición neutral que se debería esperar de un órgano intermediario y que desde luego no va en consonancia con la libertad tecnológica que nos gustaría tener; aquí empiezan los problemas.

Empezamos a encontrarnos con situaciones en las que para realizar una simple instalación era necesario realizar un gran número de comprobaciones y pasos previos antes de empezar para asegurarnos de que siquiera podríamos iniciar el proceso de instalación, o en el caso de optar por la comodidad de realizar una instalación desde un pendrive, asegurarnos además de que ese pendrive ha sido “booteablilizado” de forma que sea compatible con UEFI para que nos permita realizar una instalación en dicho modo; pero tanto en uno como en otro caso, nada de esto nos aseguraba que la instalación se pudiera hacer correctamente. Todo esto derivó en que ante todos los problemas ocasionados, por un lado muchas personas empezaran a buscar equipos que no tuvieran que usar el modo “Secure Boot” de forma obligatoria y pudieran funcionar en “Legacy mode”, y por otro lado, algunas compañías como Red Hat optaran por pagar para que su sistema pudiera ser instalado sin problemas (ante un previsible miedo de que esto afectara a sus posición en el mercado del sector empresarial, su principal actividad económica).

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Aunque poco a poco se consiguieron saltar los problemas para instalar nuestros sistemas operativos en los ordenadores, de pronto apareció un nuevo problema: Windows 8 empezó a venir preinstalado en muchos ordenadores. El problema que nos encontramos es que estos sistemas vienen en discos duros cuyas tablas de particiones dejan de ser las clásicas MBR para ser la nueva GPT, lo que en un principio es ventajoso ya que entre sus características permite usar discos duros de más de 2 TB y nos libra de la limitación de cuatro particiones primarios en un mismo disco duro (podemos tener hasta 128), pero además viene con otra particularidad: esta tabla de particiones obliga a tener una partición “boot”.

¿Por qué es necesario una partición “boot”? ¿Está relacionado con las particiones “boot” de las distribuciones GNU/Linux? Sí, pero con una gran diferencia. Hasta ahora, cuando instalábamos un sistema operativo este a sus vez instalaba un gestor de arranque al principio del disco duro para que cuando la BIOS arrancase el dispositivo, un pequeño programa supiera cómo arrancar el sistema operativo pertinente; como UEFI provee de una interfaz que puede controlar los dispositivos, ya no se encarga simplemente de realizar verificaciones para después transferir el control al gestor de arranque en el disco duro, ahora también es el propio sistema el que se encarga de realizar también el arranque del sistema para “garantizar la seguridad” del sistema.

Hasta aquí todo bien, pero… ¿y si el sistema que se instala en la partición “boot” no reconoce otro tipo de sistemas que no sea el suyo? Pues con las políticas monopolísticas hemos topado. Esto no es nada nuevo, siempre han existido problemas para que sistemas Microsoft y cualquier otra “cosa” convivieran en un mismo ordenador, sin embargo, si tenías la opción de realizar una instalación limpia y la necesidad de tener un dual boot, ya sabías que tenías que instalar primero el sistema Windows de turno, dejarlo que se acomodase en tu máquina y después instalar cualquier otro sistema, ya que seguramente este último no tendría ningún problema en compartir máquina con él, instalándose en el sector de arranque de tu disco duro sin hacer mucho ruido y sin ningún problema permitirte arrancar el sistemas que necesites en cada ocasión.

Ahora la cosa cambia, porque Windows se adueña de la partición “boot” y en muchas ocasiones no puedes hacer una instalación limpia ya que en el caso de eliminar la partición de recuperación te arriesgas a perder la garantía del ordenador; pues en estos casos, en ocasiones concretas simplemente no vas a poder instalar otro sistema que no sea el que viene de fábrica. ¿Para qué queremos tener un sistema de particionado que nos permite tener 128 particiones primarias si solo vamos a poder instalarle un único sistema operativo de Microsoft? Además, en otros sistemas si hay una mayor configuración de particionamiento disponible y típica en función de las preferencias del usuario: “root”, “home”, “var”, “tmp”…, que además en el caso de tener varias distribuciones distintas nos puede dar un gran juego; aunque en el caso de Windows no encontramos esta capacidad de personalización, por lo cual, sigue pareciendo innecesario un número tan alto de particiones, por lo cual, este tipo de bloqueo solo puede responder a argumentos más bien de un propio interés comercial que a argumentos de seguridad para el usuario, usuario que al final y al cabo es el dueño del equipo y que por lo cual debería tener el derecho de poder hacer con él lo que desee y crea conveniente.

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Es cierto que también Microsoft cada vez parece que está cambiando su enfoque en muchos aspectos a su clásica filosofía, en la que buscaba tener sobretodo una posición dominante que no tuviera por qué ir vinculada a tener una posición igualmente innovadora; ya sea este cambio ideológico por decisión propia o por necesidad, iniciativas como Microsoft Openness, que su plataforma en la nube Azure sea una plataforma de código abierto o que cada vez patrocinen y organicen más eventos e iniciativas relacionadas con el software libre es algo que todos aplaudimos y celebramos, pero precisamente por eso, porque es un buen camino el que parece que están tomando, deberían aplicar ese tipo de políticas a niveles más globales para no encontrar tantas incoherencias en una misma compañía, ya que si no, en lo que a nosotros nos compete, cuando un alumno viene a que le ayudemos a instalar Ubuntu en su ordenador no queremos tener que decirle que no es posible porque Microsoft no lo permite.


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Un comentario en “Sobre las m̶a̶l̶d̶i̶t̶a̶s̶ ̶c̶u̶a̶t̶r̶o̶ particiones y otros problemas de instalación

  • Jimmy Olano

    Excelente artículo, llamando a las cosas por su nombre correcto y poniendo los puntos sobre las íes, este artículo llama a abrir los ojos ante incrédulos quienes piensan que las grandes compañías siempre piensan “en beneficio del usuario”. Nos han dominado más por la ignorancia que por la fuerza, definitivamente,